sábado, 7 de abril de 2012

Tenemos que hablar de Kevin (2011) - Cinecrítica

Valoración: 7,5 sobre 10.

Una de las grandes olvidadas en la última edición de los Óscars ha sido Tilda Swinton, una excepcional actriz con grandes títulos e interpretaciones a sus espaldas, entre los que destacaría Michael Clayton (2007), El curioso caso de Benjamin Button (2008) o Adaptation (2002). Lo digo por su último film -por el cual ha sido multipremiada el pasado año- y al cual hoy cinecritico: Tenemos que hablar de Kevin (2011), un durísimo drama psicológico de los que te dejan con la mente tocada incluso días después de haber visto la película.

Esta producción británica nos cuenta la historia de Eva (Tilda Swinton), una mujer satisfecha consigo misma, es autora y editora de guías de viaje. Casada desde hace años con Franklin (John C. Reilly), un fotógrafo que trabaja en publicidad, decide, con casi cuarenta años y tras muchas dudas, tener un hijo. Así nacerá Kevin (Ezra Miller). Pero, ya desde el principio, empiezan a surgir dificultades...

El primer calificativo que me viene a la mente al tratar de definir esta película sería el que es una película que te atrapa, porque por lo perturbadora, inquietente y casi políticamente incorrecta que es, te lleva a la reflexión quieras o no. Su directora, Lynne Ramsay, se descubre como una excelente directora, con gran personalidad narrativa, que sabe llevar al espectador donde ella quiere, todo ello gracias a una dirección compleja en estructura, algo cargante en estilo, pero a la que auguro un prometedor futuro.

Otro de los elementos interesantes de la película es su atmósfera oscura, truculenta, donde se consigue retratar una normalidad anormal. Ramsay experimenta con la narración fragmentada, y no le interesa tanto la encrucijada moral de la historia como su puesta en escena. Tampoco importan las razones que motivan el odio y las extravagancias del jovencito Kevin. De lo que se trata no es de entenderla -porque no se puede- sino de dejarse llevar por la constante sensación de malestar y peligro.

Es cierto que Tenemos que hablar de Kevin puede echar atrás a muchos espectadores en los primeros minutos de su metraje, pero a otros, como a mi, os enganchará desde el principio. Su primera parte es bastante caótica, difícil de hilvanar, sobre todo si no tienes ni idea de que va la película. Pero es un caos necesario, reflejado en una madre que debe organizar en su mente los recuerdos más traumáticos de su vida. Es a partir de la primera media hora cuando los hechos se empiezan a ordenar de forma cronológica, y la historia arranca con más fuerza.

Tilda Swinton está mejor que nunca. El resto de las interpretaciones son brillantes, y Ezra Miller aporta el carisma necesario a un personaje tan, tan difícil. El evitar caer en los elementos más truculentos, en imágenes con cierto morbo, y suplir esto con imágenes sugerentes y un impactante sonido, hace que la película se salga del tópico y funcione.

La fotografía es impresionista. El color rojo se utiliza de forma abundante, desde el comienzo con esas fiestas de La Tomatina de Buñol -toda una premonición-. Ese rojo que representa la sangre, la angustia, la locura de él y el miedo de ella. Es una conclusión fácil de sacar, dada la precisión de las imágenes. Por su parte, la estimulante y a veces acaparadora banda sonora recoge míticas canciones que ejercen un potente e interesante contraste con el hilo argumental.

En definitiva, Tenemos que hablar de Kevin es un notable film, muy bien dirigido, una historia interesante y dura, y una gran actuación de Tilda Swinton. Una película con una fuerza visual y psicológica suficiente como para recomendarla, aunque no para todos los públicos. Sensibles abstenerse.

1 Comentario:

Anónimo dijo...

Ví ayer esta peli, la verdad que en los primeros 10 minutos, pensaba que me habías vuelto a colar una de esas pelis tuyas, pero luego me enganchó de una manera...Te produce una sensación de ahogo y unas ganas de cargarte a ese niño impresionantes. creo que saca lo peor de cada uno. Muy recomendable.
Besos por 4
Tracy