martes 8 de noviembre de 2011

Dogma 95 y su Voto de Castidad

Han pasado ya más de 15 años desde que el movimiento cinematográfico Dogma 95 saliera de la cabeza del director de cine danés Lars Von Trier para inquietar a los críticos de cine más puristas, lo que le valió la fama al cineasta de loco oportunista. Desde entonces el cine que se ha hecho bajo el decálogo Dogma 95 ha cosechado éxitos de taquilla en algunos casos, así como reconocimientos en los más prestigiosos festivales europeos y alguna que otra buena crítica.

A mediados de los 90, el cine se movía por los éxitos de taquilla. Fue una etapa difícil para los buenos guiones, y reinaba el cine de grandes efectos especiales, de grandes directores de renombre, todo ello aderezado por supuestos actores que encajan perfectamente en el contexto de este tipo de películas taquilleras, por su fisonomía y popularidad.

En este contexto, y con cierto caracter reivindicativo nació el movimiento Dogma 95. Si Orson Welles fue controvertido en su momento y difícil de entender por su manera de hacer cine, Dogma 95 lo fue de igual manera en sus primeros años, pero con el paso del tiempo tanto Welles como Von Trier y sus compañeros daneses fueron comprendidos y sometidos a estudio por la importancia de su aportación al séptimo arte.


¿ Qué es el cine Dogma 95?


DOGMA 95 es una corriente cinematográfica que parte de la iniciativa del director danés Lars Von Trier, acompañado por Soren Kragh Jacobsen, Thomas Vitenberg y Kristian Levring para ofrecer una alternativa al modo de hacer cine que se conocía hasta entonces. Su intención era manifestarse en contra de los artificios que se utilizan en la industria cinematográfica en su modo de realizar un film, para rescatar los conceptos esenciales de una película: la pureza de la interpretación de los actores, un buen guión que escondiese una buena historia, economía en las imágenes, realismo en la iluminación… A todo ello había que sumarle una nueva manera de realización: cámaras en mano en todo momento y una edición lineal que siguiera un orden cronológico de la historia, que emulara la vida real.

Para sentar las bases de estas ideas, los cuatro directores daneses elaboraron un Manifiesto o Voto de Castidad con unas normas rígidas de obligado cumplimiento para aquellos que quisieran rodar una película Dogma. Estas normas influyen principalmente en la realización del film, pero sus bases son una protesta por la “pérdida de la esencia del cine de los comienzos”, ha declarado en más de una ocasión Von Trier cuando se le ha preguntado la razón de la elaboración de esta nueva forma de pensar en cine. Las normas, son diez preceptos que tiene que tener en cuenta el director –que a partir de aquí ya no se considerará director, según este manifiesto- para elaborar su film.

Este voto de castidad decía lo siguiente:

VOTO DE CASTIDAD

Juro someterme a las siguientes redactadas y confirmadas por DOGME 95:

1. Los rodajes tienen que llevarse a cabo en localizaciones reales. No se puede decorar ni crear un "set". Si un artículo u objeto es necesario para el desarrollo de la historia, se debe buscar una localización donde estén los objetos necesarios.

2. El sonido no puede ser mezclado separadamente de las imágenes o viceversa (la música no debe ser usada, a menos que esta sea grabada en el mismo lugar donde la escena está siendo rodada).

3. Se rodará cámara en mano. Cualquier movimiento o inmovilidad debido a la mano está permitido. (La película no debe tener lugar donde esté la cámara, el rodaje debe tener lugar donde la película tiene lugar).

4. La película tiene que ser en colores. Luz especial o artificial no está permitida (sí la luz no alcanza para rodar una determinada escena, esta debe ser eliminada o, en rigor, se le puede enchufar un foco simple a la cámara).

5. Se prohíben los efectos ópticos y los filtros.

6. La película no puede tener una acción o desarrollo superficial (no pueden haber armas ni pueden ocurrir crímenes en la historia).

7. Se prohíbe la alineación temporal o espacial. (Esto es para corroborar que la película tiene lugar aquí y ahora).

8. No se aceptan películas de género.

9. El formato de la película debe ser de 35 mm.

10. El director no debe aparecer en los títulos de crédito.

Desde ahora en adelante prometo como director no ejercer ningún tipo de gusto personal. Ya no soy un artista. Desde ahora en adelante prometo no crear una "obra", ya que considero que el instante y el ahora son más importantes que todo el producto. Mi meta absoluta es forzar la verdad de mis personajes. Prometo hacerlo a toda costa dentro de mis posibilidades y a costa de cualquier buen gusto estético.

Es por ello que hago mi VOTO DE CASTIDAD

Copenhage, Lunes 13 de marzo de 1995

En nombre del DOGME 95

Lars von Trier - Thomas Vinterberg

Estos cuatro directores, después de elaborar el Decálogo, movidos por la necesidad de modificar la forma de realizar el relato cinematográfico, se pusieron en marcha dándolo a conocer, comprometiéndose, cada uno de ellos, a producir una película bajo estas normas que pudieran servir por una parte, como ejemplo a todos aquellos que se quisieran unir a este movimiento. El resultado fue Mifune, por Soren Gragh Jacobsen, The King is Alive, de Kristian Levring, Celebración, de Thomas Vitenberg e Idioterne, la película de Von Trier.

A partir de ahí, las cuatro películas –con diferencias en el tiempo- se consideraron como ejemplo de lo que había que hacerse para que un film llegase a ser auténtico Dogma, y se estipuló que toda aquella película que pretendiese hacerse bajo este estigma, debiera pasar unos “controles de calidad” que así lo certificasen. Estos “controles” se referían al visionado por parte de los cuatro directores DOGMA de las propuestas cinematográficas que les iban llegando y estos, con el Decálogo en mano, tenían que certificar su autenticidad o no. El aprobado lo certificaba un diploma que se le daba al equipo de la película por haber cumplido todas estas normas.

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