lunes 31 de octubre de 2011

La decisión de Sophie (1982) - Cinecrítica

Valoración: 7,5 sobre 10.

Es bastante raro que un título describa tan bien el sentido último de una película como lo hace La decisión de Sophie (1982), título de una de las mejores películas de mi venerado Alan J. Pakula. Puede que sea uno de los títulos más desgarradores que ha dado la historia del cine, y que cobra absoluto sentido cuando uno termina de ver este estupendo drama que tiene como telón de fondo el holocausto nazi.

Argumento: Verano de 1947. Stingo (Peter MacNicol), un joven aspirante a escritor, se instala en El Palacio Rosa, una pensión familiar de Brooklyn, con la intención de escribir una novela. Sin embargo, su tranquilidad se verá pronto turbada por la terrible discusión de una pareja que vive en el piso de arriba. Cuando conoce a los amantes queda cautivado por su encanto y simpatía. Ella, Sophie Zawistowska (Meryl Streep), es una hermosa emigrante polaca y católica. Él, Nathan Landau (Kevin Kline), es un brillante, encantador y desequilibrado científico judío. Poco a poco, Stingo se convierte en su mejor amigo. Sophie, hija de un ilustre profesor polaco, sobrevivió al campo de exterminio de Auschwitz, pero vive atormentada por su pasado. Stingo se enamora románticamente de ella, pero Sophie está locamente enamorada de Nathan...

En la vida existen decisiones dolorosas y trascendentes para las cuales muchas veces no estamos preparados, y que cambian nuestra noción del mundo. Son precisamente estas decisiones a las que enfrenta Sophie Zawistowski, la protagonista de esta estimable película, dirigida por Alan J. Pakula y protagonizada de manera prodigiosa por Meryl Streep.

Curiosamente no es Sophie la primera protagonista de la historia, aunque termine siéndolo. El primer protagonista es Stingo, el joven escritor, que representaría a cada uno de nosotros, como a ese espectador horrorizado que asiste a la revelación de Sophie, una joven polaca a la que Nathan salvó después de la Segunda Guerra Mundial. Y en el pasado de Sophie, tanto Stingo como nosotros, comprendemos cómo se puede herir de por vida al alma de un ser humano.

Esta film nos vuelve a sumergir en un tema bastante recurrente dentro de la cinematografía contemporánea: la segunda guerra mundial y el holocausto nazi, algo que a priori podría reducir el atractivo de esta película. Pero hay algo que hace distinta al film de Pakula, y es que, lejos de contarnos una historia de supervivencia, nos narra con sutileza y elegancia la forma en que los duros recuerdos pasados pueden influir en nuestra vida posterior, manejándola a su antojo y finalmente, destruyéndola lentamente.

La historia que nos cuenta La decisión de Sophie es absolutamente estremecedora. Es una película sobre la influencia del pasado en nuestro presente y futuro, y desde luego es un film nada optimista. Aquí no veremos esperanzadoras escenas de redención y de cómo volver a empezar desde cero, sino que seremos testigos directos de la lucha interna de una mujer atormentada por el dolor, la impotencia y la rabia.

En cuanto a la parte narrativa de la cinta, decir que está estructurada en dos tiempos, y siempre narrada en primera persona por el personaje de Stingo y su experiencia personal. La primera parte se centra en el presente -dentro del pasado del escritor-, y la segunda se estructura en forma de flashbacks algo irregulares, y demasiado fragmentados, pero innovadores para la época. No hay transiciones definidas entre el relato pasado que cuenta Sophie y el presente del trío de personajes. De hecho el primer flashback entra a la hora y cuarto de película, lo que estira la película innecesariamente. La película combina los dos tiempos narrativos con precisión: el “alegre” devenir de los protagonistas en Nueva York y el gris pasado de Sophie en Auschwitz, con un diseño de producción tan bueno que casi se puede oler el humo de los crematorios, gracias a la excelente fotografía del español Néstor Almendros .

En cuanto a las interpretaciones alabar a la magistral Meryl Streep. Más allá de cuestiones técnicas como el uso de la voz en cuanto a los distintos idiomas que habla, o la vista de su delgado cuerpo en el campo de concentración, su interpretación en el film va más allá de lo calificable. El personaje de Sophie es uno de los mayores y mejores personajes que nos ha dado el séptimo arte, y Meryl Streep con está película define para siempre lo que significa ser actor. Peter MacNicol y Kevin Kline aguantan el tipo, mejor el segundo, pero es que Streep se come la cámara.

Es una pena que esta película fuese tan infravalorada y no tuviese la difusión que se merecía. Se la recomiendo a todos aquellos que consideran que de la segunda guerra mundial aún se pueden sacar buenas historias. Pero sobre todo, por la interpretación de Meryl Streep, que en versión original te deja literalmente boquiabierto.

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